La llegada de mi segundo hijo a casa

La llegada de mi segundo hijo a casa

Hermanos

Pensé que tenia todo listo para la llegada de mi segundo hijo a casa pero no fue así por que Agustín le dio muy duro y adicional yo estaba en mi recuperación y no podía estar al 100% con el.
Agustín era consiente de que venia un hermanito en camino, le explicamos de diferentes maneras, con historias, imágenes en libros, siempre nos acompaño a las ecografias y escuchaba su corazoncito y hasta sentia sus pataditas cuando se movia en la barriga de mamá.

La verdad no pensé que la llegada de mi segundo hijo iba a poner la casa patas arriba unos cuantos días, cuando llegamos empezaron las complicaciones, yo no podía bajar escalas, por lo cual optamos por comer todos juntos arriba; empezaron a cambiar nuestras rutinas de estar sentados en el comedor, a estar frente al televisor para que Agustín comiera, después llego el NO intensificado. El No quiero comer, duro casi tres días solo tomando leche de almendras en tetero y comiendo galletas de chocolate y todo lo que fuera dulce lo aceptaba. Hizo huelga de hambre con la llegada del hermanito. Mi bebé grande hacia lo que fuera por llamar la atención como decir: Mamá estoy triste y quiero llorar , deja a Oliver en la cama, cada vez que me veía amamantarlo. Eso no solo me partía el corazón, sino que también provoco que me ocasionara dos mastitis del estrés de verlo así.
La guardería fue otro tema, no quería salir de casa, solo quería estar cerca de mi, nada lo convencía de salir , ni siquiera el papá invitándolo a comer helado lo hacia cambiar de opinión.

Pasaron los días, y aunque por momentos pensé que no iba a ser capaz, gracias a nuestra dedicación de estar siempre a su lado, explicarle cada cosa y consentirlo que es lo que ellos mas necesitan en ese momento, logramos que todo volviera a la normalidad. Después de varias lloradas, llego la calma y ahora todo es diferente , cuando Oliver esta llorando, Agustín me dice: mamá Oliver quiere lechita y la mayoría de veces respeta el tiempo que le dedico a Oliver mientras lo alimento. Volvimos a comer juntos en la mesa del comedor, mientras Oliver hace su siesta; y como ahora puedo manejar, lo llevo feliz como siempre a la guardería en compañía de su hermanito.

Todavía no quiere cargarlo, ni tocarlo mucho pero esporádicamente brinca donde el esta y le da un besito, le habla o se le ríe. Hay que darle tiempo para que aprenda a amarlo. Pronto estarán corriendo, peleando y jugando juntos.

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